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España: Los indignados del 15M

La cita de la primera movilización ciudadana de Barcelona para conmemorar el primer aniversario del 15M (15 de mayo) fue el sábado 12M (12 de mayo) a las 6 de la tarde en plaza Catalunya. Mari Ángeles, de 61 años, salió mucho antes de El Prat, donde vive, una población situada cerca del aeropuerto, en el área metropolitana de la ciudad. Con un grupo de vecinos, cogió las pancartas que habían preparado y se subieron a un autobús rumbo a la plaza de España. Ahí debían encontrarse con los otros integrantes de la “columna sur”, que llevaba ya un par de horas desfilando desde que había salido de Cornellà al mediodía.

Miguel Ángel. Foto por Lali Sandiumenge.

Miguel Ángel, de 44 años, se añadió a la marcha a su paso por Esplugues. Josep Maria, de 69, lo hizo cuando llegó al barrio de Les Corts. Karlos, también de 44, se sumó a la protesta en el barrio de Sants, cargado con una mochila preparada con todo lo necesario para acampar hasta el 15M en la plaza.

Excepto Karlos, que vivió durante unos años en México y apoyó al movimiento zapatista, ni Mari Ángeles, ni Miguel Ángel, ni Josep Maria se habían implicado antes del 15M en ninguna actividad social o política. Desde el 15 de mayo de 2011, no paran. Mari Ángeles participa en la plataforma El Prat contra los recortes, que denuncia las medidas de austeridad con las que el gobierno catalán esté amputando el estado del bienestar; Miguel Ángel lucha desde la plataforma Aturem Eurovegas(Paremos Eurovegas) para impedir que el magnate multimillonario estadounidense Sheldon Adelson convierta el delta del río Llobregat en un macro complejo de ocio y casinos. Josep Maria se ha apuntado hace poco a los Iaioflautas, un colectivo de jubilados curtidos en la lucha antifranquista, de izquierdas y sindical.

Karlos, por su parte ha encontrado una válvula de escape. “Este despertar lo vivo con mucha esperanza”, afirma. “Las personas que somos inquietas estábamos en una situación de mucha impotencia y con el 15-M nos encontramos”.

Josep Maria. Foto por Lali Sandiumenge.

Los motivos por los que pasaron a la acción son muchos, pero el principal, en el que todos coinciden, es que no se puede seguir así. “El panorama es muy crudo, más que nunca y con tantos recortes en Catalunya, a ver cómo acabamos”, dice Miguel Ángel. “Tengo vecinos que están en las últimas. Si seguimos así, habrá una revolución civil”. A Josep Maria no hace falta preguntarle qué piensa: los carteles que le cubren el cuerpo son muy elocuentes. “Lo que denuncio es que en nuestra sociedad nadie se preocupa por las desigualdades, y lo del 1% y el 99% no es una entelequia”, comenta para resumir, explicando que ha buscado y solicitado sin éxito a los organismos públicos competentes información sobre los distintos niveles de renta de los españoles para elaborar su propio curva de Lorenz. La indignación es tanta, añade, que no descarta acampar y pasar esa noche en la plaza, aunque no tenga edad ya para dormir al raso de cualquier forma.

Razones personales no les faltan. Miguel Ángel, creativo, perdió el trabajo en el fabricante de coches español Seat hace cuatro años y todavía no ha conseguido encontrar otro. Se le acabó el subsidio de paro hace tiempo y vive como puede de la indemnización que cobró.

Mari Ángeles. Foto por Lali Sandiumenge.

A Mari Ángeles la obligaron a prejubilarse hace un año de una empresa privada del sector sanitario. La pensión que le quedó no llega a los 500 euros limpios mensuales y no le da para vivir con su hijo, ya adulto, por lo que han tenido que compartir su casa. “Mi hijo está en el paro. Está estudiando inglés como un loco para buscar trabajo fuera, en Inglaterra o Canadá”, explica, aunque se interrumpe a menudo para corear lo que sus compañeros gritan a los coches que se impacientan con la marcha de la manifestación: “No nos mires, ¡únete!”. Josep Maria, por el contrario, tienen una buena pensión. “Si la distribución de la renta fuera más justa, yo saldría perdiendo”, afirma mientras camina hacia plaza Catalunya, sin prisas pero sin pausas.

Desi (izquierda) y Raquel recogiendo firmas para la ILP. Foto por Lali Sandiumenge.

Al llegar a plaza Catalunya, justo al final del Paseo de Gracia, la marcha confluye con otras columnas que han llegado de otras zonas de la ciudad y del extraradio. Justo ahí, Desi y Raquel, de 33 y 31 años respectivamente, han instalado una mesa portátil dónde recogen firmas de apoyo para la Iniciativa Legislativa Popular (ILP) que promueve la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) y que exige que se apruebe por ley la dación en pago de forma retroactiva.

Ambas van ataviadas con la camiseta verde que distingue a los miembros de este colectivo, donde se ha estampado en grandes letras el nombre de una de sus principales campañas: Stop Desahucios. Raquel participa solidariamente en la PAH desde que participó en una acción para impedir que echaran de su casa a una familia de su pueblo. Desi es una de las afectadas: hace seis meses que no puede pagar la hipoteca y no hay forma de llegar a un acuerdo con el banco para entregar el piso a cambio de la deuda, casi 250.000 euros en total.

Yo no encuentro trabajo y mi marido, tras estar en el paro, cobra ahora 1.200 euros al mes, y tenemos que pagar casi mil de la hipoteca. Tenemos dos hijas y tenemos que tirar adelante. Gracias a la PAH vamos haciendo, la unión hace la fuerza.

Justo enfrente, una mujer les apoya en un acto casi solitario de protesta. Ha fotocopiado uno de los panfletos de la movilización (“Si tu pagas su deuda, que ellos paguen tu hipoteca”) y se ha colocado delante de un panel que protege un edificio en reforma sobre el que alguien ha escrito “Suenan los tambores de la rebelión”. María, así se llama, tiene 56 años y lleva un par de horas de pie sin moverse, callada, el rostro cubierto con el papel. Los manifestantes pasan y la miran, la aplauden y la dejan tranquila. Los fotógrafos y los turistas se paran, disparan sus cámaras y se alejan. Ella sigue. Trabaja en una oficina cercana y, al salir, se ha unido a la manifestación. “He fotocopiado el panfleto y me he puesto con ellos, todos estamos en el mismo paquete”, explica.

Voy a casi todas las protestas, no por mí, sino por mis hijos. Hemos luchado mucho por lo que tenemos y ahora se lo están cargando. Ya no reconozco a esta España.

Foto por Lali Sandiumenge.

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