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Perú evalúa eliminar estudios de impacto ambiental para exploración petrolera

Costa peruana. Foto del usuario ostill en Shutterstock

Costa peruana. Foto del usuario ostill en Shutterstock

Actualización (10 de marzo de 2014): El Ministerio de Ambiente ante la preocupación de la ciudadanía hizo la aclaración de que el Reglamento Ambiental aún se encuentra en elaboración y debate técnico, por lo que no hay decisiones finales consensuadas ni acuerdos al respecto.

El recientemente nombrado ministro de Energía y Minas, Eleodoro Mayorga, anunció que en conjunto con el Ministerio del Ambiente están trabajando un reglamento que elimina la necesidad de presentar estudios de impacto ambiental en la fase de exploración sísmica de lotes petroleros. El motivo es acelerar las inversiones en el sector.

La noticia se dio a conocer en el transcurso de un evento de la Sociedad Peruana de Hidrocarburos el 6 de marzo. En el evento se presentó el Libro Blanco de los Hidrocarburos, una propuesta del sector privado al gobierno con el fin de que se establezca un nuevo contrato social con las empresas y las comunidades.

El ministro de Energía y Minas declaró además que “la industria tiene prácticas bien establecidas y la idea es pasar de la tramitología a la acción.”

Por su naturaleza, la prospección sísmica es una actividad de fuerte impacto en un ecosistema, pues suele realizarse por lo general en áreas aún impolutas de contaminación. Al respecto, un artículo de Elizabeth Bravo en Grain señala:

Para la prospección sísmica, por ejemplo se abren trochas o líneas sísmicas de alrededor de 1 kilómetro de largo por 3-10 metros de ancho, si se aplican las mejores normas, pero con frecuencia superan los 10 metros de ancho. Además se construyen helipuertos para dar servicios a las operaciones sísmicas. En una campaña sísmica típica se talan hasta 1000 kilómetros y se construyen entre 1000 y 1200 helipuertos. Cada helipuerto tiene media hectárea, o más.

Pero eso no es todo. Bravo añade:

Durante la prospección sísmica se producen niveles de ruido de gran magnitud, debido a las detonaciones de dinamita que se hacen cada 6 metros, así como el ruido producido por los helicópteros que suplen de materiales y alimentación a los trabajos sísmicos. Durante la perforación el ruido es menos fuerte, pero más constante. El movimiento constante de vehículos, el funcionamiento de las estaciones de separación y refinación, son también actividades muy ruidosas. Este ruido hace que los animales escapen o cambien su comportamiento alimenticio y reproductivo.

Las primeras reacciones de personas relacionadas con la conservación del medio ambiente son de sorpresa y estupor. En Noticias Ser entrevistan al antropólogo Alberto Chirif quien manifiesta:

No he leído las declaraciones del ministro, pero si ha dicho eso me parece un gravísimo error. Con eso, simplemente han superado las apariencias porque, ciertamente, los EIA [estudios de impacto ambiental] han sido hasta hoy muy aparentes. Nunca un EIA ha llegado a frenar algún tipo de proyecto. Por otro lado, estos estudios son realizados por las mismas empresas que luego van a realizar intervenciones para extraer minerales o petróleo. En ese sentido, hay una cosa bastante perversa en el mecanismo de difusión de los estudios. Pero de ahí a decir que ya no se van a hacer me parece peor. Por lo menos con los EIA hay un mecanismo de presión a las empresas. Ahora los límites se desbordan.

El exviceministro de Gestión Ambiental, José de Echave, escribe en la web Cooperacción que el término “tramitología” es el argumento usado por los empresarios de la Sociedad Nacional de Minería y Petróleo para describir cualquier intento de mejorar las políticas ambientales y sociales como un nuevo trámite burocrático más:

Es lamentable que un ministro de Estado termine repitiendo los argumentos de los sectores más retrógrados del país, que se oponen y se seguirán oponiendo a cualquier intento de adecuar el país a los mejores estándares internacionales en materia ambiental y social.

Cabe recordar además que la exploración sísmica se da igualmente en el mar, y que aunque en el caso de muerte masiva de delfines ocurrida en el 2012 el gobierno señalo que la actividad de exploración petrolera no fue la causante, hubo varias acusaciones al respecto y no todos quedaron convencidos. La ONG Mundo Azul, por ejemplo, expresa en su página de Facebook:

Decir que las empresas tienen suficientes estándares para ellos garantizar que el medio ambiente se protege es decir que BP tuve suficiente ética y sabiduría para evitar el derrame del Golfo de México – y todos sabemos que esto no era así. [...] En verdad es la primera vez que escucho que un gobierno regala el poder decisivo sobre el bienestar de la sociedad y del patrimonio natural de un país a empresas extranjeras. Me parece muy grave.

En Twitter las reacciones estuvieron en el mismo orden.

Ricardo Marapi, periodista especializado en temas ambientalistas, expresó:

Mientras que el comunicador Álvaro Durand señala la poca importancia que parece tener para el gobierno la próxima Conferencia de la ONU sobre el Cambio Climático (COP20) a realizarse en Lima.

La congresista Verónika Mendoza por su parte opinó:

La medida, de ser aprobada, dejaría en manos de las empresas la suerte de los bosques amazónicos del país, así como de otras áreas donde se crea pueda haber reservas de hidrocarburos.

La pregunta es, si hasta ahora con estudios de impacto ambiental y todo la contaminación y la deforestación son preocupantes, ¿qué pasará si se deja estos temas neurálgicos al libre albedrío de las empresas extractoras, tan solo con una declaración de buena intención?

Post original publicado en el blog Globalizado de Juan Arellano.

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