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Bailando al ritmo de la historia con marrabenta en Mozambique

Este post fue publicado primero en Afribuku, blog sobre cultura africana contemporánea.

Se dice a menudo que los mozambiqueños empiezan el año marrabentando”. Eso es porque cada año, a comienzos de febrero, se lleva a cabo el festival más representativo del país, el Festival del Marrabenta. Por donde vayas, escuchas “¡teka, teka!”, la expresión que se usa mientras se baila marrabenta [en], que tiene un ritmo contagioso y se hace difícil no dejarse llevar.

Pero en Mozambique, hablar de música marrabenta es también algo serio, porque en cada ritmo hipnótico, resuenan el pasado colonial y la identidad del país.

El Festival de Música marrabenta

Esta vez, del 1 al 3 de febrero de 2013, el famoso compositor y cantante congolés Sam Mangwana y otros músicos mozambiqueños como Dilon Djindji, Radio Marrabenta, Xidimingwana, Orquesta Djambo o Cheny Wa Gune, actuaron en la sexta edición de este festival llevado a cabo en la ciudad de Maputo y en los pueblos de Marracuene y Matalene.

Como cada año, un tren con música en vivo partió desde Maputo y llevó músicos y audiencias gratuitamente a la aldea de Marracuene. Una hora y media de viaje en el “Tren de marrabenta, la gente también se unió a la celebración de Gwaza Muthini, que coincide con la fecha.

Marrabenta Train. Photo by Litho Paulo David Sithoe on Facebook

Tren de marrabenta. Foto de Litho Paulo David Sithoe en Facebook.

Música de resistencia

La ceremonia de Gwaza Muthini conmemora la famosa batalla de Marracuene, ocurrida el 2 de febrero de 1895. En esta batalla, los guerreros del Imperio Gaza [en], bajo el comando de Ngumgunhane, resistieron al ejército colonial portugués.

Los hombres de Ngumgunhane perdieron la batalla y este fue el comienzo del fin del Imperio Gaza. Antes, se cazaba un hipopótamo y su carne se repartía entre la población para conmemorar la fecha. Hoy, la carne de hipopótamo se ha reemplazado por carne de cabra, que a menudo se disfruta con un aguardiente local llamado “canhu” – que se consume mientras se baila al son de la marrabenta.

La historia y evolución de la marrabenta no fue fácil. Emergió en el sur de Mozambique a fines de la década de 1930, pero no fue hasta la década de 1960 que se volvió más popular. Políticas multirraciales y multiculturales al interior de las colonias portuguesas en África facilitaron su expansión en Mozambique y sus ciudades. La llegada de los primeros gramófonos de Sudáfrica y el surgimiento de emisiones locales de música también contribuyeron a su difusión.

El legendario Dilon Djindji durante su actuación en el Festival de la Marrabenta. Foto afribuku.

El legendario Dilon Djindji durante su actuación en el I Festival de la Marrabenta. Foto de Quiroz | afribuku.

Música de lucha

El régimen portugués en Mozambique exigió que se cantara y bailara solamente música portuguesa durante la mayor parte del periodo colonial. Para defender su identidad cultural, surgieron varias organizaciones, como la Asociación Africana (AA) y el asociativo Centro de Negros de la Provincia de Mozambique (CANPM), que terminaron jugando un rol fundamental en la promoción de la cultura mozambiqueña. De esta manera, marrabenta se convirtió en una música de lucha cuyos temas están inspirado en las experiencias de la vida diaria, el amor, la crítica social e importantes acontecimientos ocurridos en Mozambique.

Marrabenta en la Asociación Africana (AA). Foto del archivo personal de Elarne y Fredo Cariano.

Marrabenta en la Asociación Africana (AA). Foto del archivo personal de Elarne y Fredo Cariano.

La evolución de marrabenta 

El ritmo se tocó primero con guitarras caseras de cuatro cuerdas hechas con cañas vacías y piezas de madera. La mezcla de ritmos magikay y zukuta del sur del país y la asimilación de ritmos occidentales como la música negra americana y sudafricana que llegaban al antiguo Lourenço Marques (hoy Maputo), enriquecieron este nuevo género. No tenía nombre hasta 1930, pero finalmente adoptó el nombre de marrabenta.

Algunos autores sostienen que el término se deriva del verbo portugués “rebentar”, que significa reventar, estallar. En este caso, “reventar las cuerdas” por la fuerza cuando tocaban la guitarra; otros autores consideran que vienen la idea de “baila hasta que revientes”, debido a la energía requerida cuando se baila, como considera el músico mozambiqueño de marrabenta Dilon Djindji. Pero para una gran mayoría, marrabenta representa la expresión cultural de un pueblo que en palabras de un etnomusicólogo Luka Mucavel “es un producto de la sociedad, experiencias y coexistencia entre diversos grupos étnicos mozambiqueños con influencia desde fuera”.

Sam Mangwana [en] de la República Democrática del Congo (antes Zaire, cuando él nació) llegó al festival por primera vez este año.

Marrabenta's Festival, 2013. Poster shared on afribuku.

Festival Marrabenta 2013. Afiche publicado en afribuku.

Su padre era zimbabuense y su madre era angoleña, y creció escuchando música cubana, francesa, española, italiana y estadounidense. Está considerado como uno de los principales cantantes y promotores de la rumba congolesa y su producción artística se basa en sonidos de Angola, Mozambique, Cabo Verde y Congo. Durante los años 80 y 90, Sam popularizó temas marrabenta: “Vamos al campo (Marracuene)”, “Tio António” o “Moçambique Oyé”, ahora considerados clásicos.

Han pasado cinco años desde la primera edición del Festival de Marrabenta, gracias a la initiaciva de Litho Sithoe. Y cinco años después, el festival continúa a través de la determinación y perseverancia de su organizador. El 3 de febrero, el festival terminó con un concierto en el Centro Cultural de la ciudad de Matalane. Este día se celebra el “Día de los Héroes Mozambiqueños”, festividad nacional que conmemora la vida de los soldados caídos que pelearon valientemente por la independencia del país en 1975. El toque final para terminar un fin de semana respirando, viviendo y sintiendo marrabenta.

Nadie puede predecir el futuro de marrabenta ni puede descifrar cómo va a evolucionar el estilo en tiempos modernos, si tomará caminos hacia un sonido más comercial. Pero lo que es claro es que en esta sexta edición, el entretenimento estaba garantizado.

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