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Siria: Gatos, armas y trofeos de guerra en la Idlib rural

Como parte de nuestra colaboración con Syria Deeply [en], publicamos una serie de artículos que capturan las voces de los civiles bajo el fuego cruzado, junto con el punto de vista de escritores de todo el mundo sobre el conflicto.

Maaret Misreen, Siria. Omar, un ex estudiante de mercadeo de una universidad privada de Damasco, lleva una vida que nunca hubiera imaginado. Es originario de Idlib, una de las pequeñas ciudades de Siria ubicada en el corazón de los olivares del noroeste. Actualmente vive en la línea de fuego como activista de los medios, desde donde documenta los hechos de violencia y acompaña a los periodistas extranjeros y trabajadores de derechos humanos dentro del territorio sirio.

El periodista ciudadano Omar Abu Al Huda juega con el gato en la seguridad de su casa de la Idlib rural. Crédito: Mohammed Sergie

En Siria, el rol de los activistas de los medios ha florecido. Para decenas de jóvenes revolucionarios, la manera más eficaz de servir a la revuelta es convertirse esencialmente en camarógrafos itinerantes, capturando escenas de las batallas y subiéndolas para la audiencia mundial. Muchos se vuelven reporteros para los medios informativos del exterior a modo de fuente de ingresos. Omar, por su parte, no pidió dinero. Estaba contento de sólo tener a un periodista profesional, especialmente uno de raíces sirias, que lo acompañara en su travesía.

En la provincia de Idlib, donde Omar lleva a cabo la mayor parte de su trabajo, el régimen de Assad tomó el control de la ciudad principal pero perdió el territorio circundante. Su ejército, fuerzas de seguridad y miembros irregulares de la milicia, o shabiha, retrocedieron hacia la capital provincial. La ciudad en sí ha incrementado su población de 200.000 a 750.000, puesto que los rebeldes que luchan por el control de los pueblos y villas de Idlib han enviado a sus familiares a lugares relativamente seguros. Allí no pueden expresarse abiertamente, pero están libres de los bombardeos y ataques aéreos del régimen que golpean las zonas controladas por los rebeldes.

Omar, cuyo nombre de batalla es Abu Al Huda, ha memorizado la topografía de la provincia de Idlib, y ha trazado sus caminos agrícolas y villas durante la revolución. Un guía turístico vivaz, señala las batallas más importantes para las bases militares ubicadas en el campo y destaca las consecuencias de los ataques de aviones MiG y las bombas de barril.

“Estás viajando en el auto de un mártir”, comenta, y cuenta que el agujero en el asiento del conductor es de la bala que mató a Mouayad Al Ghafeer, su hermano de 27 años, en junio. Omar tenía su propio auto, pero otros rebeldes, o quizás una banda de delincuentes armados, se lo robaron algunos meses atrás. Sigue en una constante búsqueda de su vehículo, y sus amigos lo alertan cuando ven en la ruta algún auto de la misma marca y modelo.

“Era mi auto desde antes de la revolución, lo pagué con el sudor de mi frente”, contó.

Mouayad, su hermano fallecido, se encuentra enterrado en la casa de campo de sus padres ubicada en una aldea justo a la salida de la ciudad de Idlib. A pocos cientos de metros de distancia se encontraba la reciente tumba de Abdullah Allawi, asesinado el 27 de diciembre horas antes de nuestra llegada, tras un tiroteo con las fuerzas armadas sirias en un puesto de control de las afueras de Idlib. Los rebeldes dijeron que el ejército penetró el fuerte en busca de desertores y abrió fuego contra Abdullah, quien tenía 25 años y dos hijos, y enseguida se retiraron después de la confrontación. A continuación se encuentra el video del enfrentamiento [ar]:

Omar documentó el enfrentamiento y compiló la secuencia más tarde esa misma noche; compartió las escenas sin editar con los rebeldes que se apiñaron alrededor de su laptop para verse a sí mismos en acción. Al trasladarse de un campo a otro a lo largo del mismo camino donde la violenta batalla tuvo lugar horas antes, los rebeldes cenaron en la casa de los familiares de uno de ellos. Sus padres irradiaban orgullo por la gloria percibida de sus hijos en batalla.

Los padres trataron de inculcar sus consejos sobre formaciones de combate como entrenadores de fútbol al costado de la cancha, pero los rebeldes generalmente ignoraban a los mayores. Una línea eléctrica se cayó durante la confrontación y los padres hablaban de arreglarla ellos mismos. Pero no había apuro porque, últimamente, la electricidad rara vez llegaba a esos cables y el servicio casi siempre estaba cortado.

Los rebeldes cuentan que tomaron este camión cuando el ejército sirio atacó su fuerte a fines de diciembre. Crédito: Mohammed Sergie

Al trasladarse a otra casa (ésta pertenecía a un oficial del ejército sirio y ahora se considera un trofeo de guerra), utilizaron una conexión satelital de Internet para subir los videos del día. La conexión era más rápida que la mayoría de los servicios de cable de los Estados Unidos. Limpiaron los rifles y repusieron las municiones mientras los combatientes y activistas se relajaban y hablaban del futuro.

Omar se mostró pesimista sobre el futuro, y predijo una espiral de violencia posterior a la caída del régimen de Assad. “Quiero irme de Siria cuando todo acabe y terminar mis estudios”, dijo. Aunque también estaba afectado por su conexión con la tierra y la gente, un lazo que se profundizó con su trabajo, que no sólo describe los hechos de violencia sino que también se concentra en las historias más anecdóticas como las condiciones humanitarias y el estado de las reliquias de Siria.

Lejos de la violencia, la vida es difícil para los sirios. Los rebeldes y los activistas de los medios, tal como el resto de la población, luchan por conseguir alimentos y combustible a precios razonables. El pan es muy caro aunque está disponible.

Hace mucho que las estaciones de servicio cerraron en el norte de Siria. Crédito: Mohammed Sergie

El precio del petróleo, necesario para el transporte y para generar electricidad, oscila entre los 12 y los 15 dólares por galón dentro de un período de 24 horas. Las estaciones de servicio ya no existen en la mayor parte de Siria: la falta de electricidad echa a perder los surtidores, en tanto que las líneas de suministro para recargarlas no son confiables. Ahora el combustible se compra a vendedores ambulantes y a dueños de tiendas que no tienen otros objetos que vender. El diésel, o gasóleo, que generalmente se usaba para la calefacción de las casas, ahora es un lujo al que la mayoría de los sirios no pueden acceder. Las noches son frías y oscuras, y con frecuencia interrumpidas por el sonido de proyectiles lanzados desde la ciudad de Idlib hacia el campo.

Algunos combatientes se levantaron temprano para unirse a un enfrentamiento que tenía lugar en la zona mientras que otros que se quedaron vigilando durante la noche se levantaron un poco más tarde. Después de beber una taza chica de té y jugar con el gato de la casa (que al parecer todos los rebeldes sirios tienen), Omar enfundó su pistola y repitió su peligroso ciclo cotidiano [en]: viajes, batallas y videos de Internet.

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