Hace cosa de un mes, Javier Puente publicó en Selecting Stones [en], un crítico artículo sobre el auge de la gastronomía peruana y, sobre todo, acerca del papel que el chef Gastón Acurio juega en él. Peasant and Chef: The Limits of Peruvian Gastro-Fascism, 1994-2012 (Los campesinos y el chef: Los límites del gastro-fascismo peruano, 1994-2012) [en] es, según su autor, un intento de “contextualizar la fundación de este nuevo Shangri-La de la cocina peruana, y así los que puedan venir luego hagan un mejor trabajo llenando los huecos que quedan”. Ya en tema, explica:

En el mundo sin clases sociales de Acurio, hay sin embargo un cuerpo social orgánico, un cuerpo compuesto de compartimentos por el cual todos los actores del boom culinario se definen. [...] El culto de la nación se sustituye por el culto a la olla, y nadie se quede al margen de esta compartimentación.

También se refiere al supuesto caso de discriminación racista hacia María Huamaní, fallecida en un accidente junto a otros chefs, como una muestra de los límites de esta retórica culinaria nacionalista a pesar de su postura inclusiva. En el blog Equilibrios, Manuel José Ayulo señala que el artículo falla en el concepto mismo de “fascismo” que utiliza, y añade que:

casi cualquier actividad económica transversal con discurso optimista, nacional e integrador caería en una especie de fascismo según la descripción de [Javier] Puente.