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«Todo volaba, era surrealista»: la tormenta Pablo en Filipinas

A medida que la tormenta tropical Pablo [en] (conocida internacionalmente como Bopha) se disipaba frente a la costa del norte de Filipinas, los supervivientes, los voluntarios y las agencias gubernamentales luchaban por recuperar y reconstruir todo aquello que su furia destructiva y mortal dejaba a su paso en la isla de Mindandao el pasado 4 de diciembre.

Las cifras [en] que barajaba el gobierno eran dramáticas: 647 muertos, 1482 heridos y 720 desaparecidos; a lo que hay sumarle cientos de familias desplazadas. Los daños [en] causados en propiedades y en la agricultura ascienden a miles de millones de pesos y convierten al tifón Pablo en la tormenta más destructiva que ha devastado Filipinas este año.

Ninorey recuerda cómo vivió ese día en el ojo del huracán [en] junto a su familia:

Una casa totalmente destrozada en Baganga (Davao Oriental). Foto de @flippy0721

El tifón Pablo (conocido internacionalmente como Bopha) tocó tierra el 4 de diciembre de 2012 en Davao Oriental entre las 8 y 9 de la mañana; los informes iniciales mostraban imágenes de vientos huracanados y el aumento del nivel de las aguas. Nos esperábamos lo peor. Y entonces, a las 9 de la mañana, nos quedamos sin luz; todos nosotros inmediatamente adaptamos el plan de emergencia e hicimos todo aquello que habíamos aprendido con el tifón Sendong, y empezamos a llenar de agua potable todos los recipientes que teníamos vacíos. El viento comenzó a soplar de tal manera que los árboles comenzaron a balancearse de forma brutal. Intenté colocar una veleta: las dos primeras (quizá más) las arrancó el viento; con la última que lo intenté, al estar hecha con un fuerte cordel y con plástico ligero, soportó bien los fuertes vientos. Llovía de forma torrencial y en la radio informaban de que el nivel del agua aumentaba progresivamente en los ríos y en los arroyos de las provincias.

Mientras intentaba reparar las filtraciones que teníamos en el balcón, el viento comenzó a soplar de tal manera que era muy difícil aguantar la puerta sin que te lanzara bien lejos. Las chapas de los techos empezaron a bailar y a balancearse (suena gracioso, pero cuando lo escuchas, podrías hacerte tus necesidades encima: es realmente aterrador). Mi madre andaba por la casa presa del pánico y, mientras nosotros intentábamos calmarla, el viento comenzó a silbar, era un silbido tan fuerte y tan horrible que casi nos hizo llorar y entonces pensé: «¡Eh! Yo sólo he escuchado esto en las películas y no me puedo creer que ahora lo esté escuchando». Y allí me quedé viendo las lonas, las hojas y las ramas rotas en la calle de enfrente. Todo volaba, era surrealista.

Marie recuerda así su experiencia durante la tormenta [en]:

Sí, yo viví la fuerza del tifón Pablo ese triste 4 de diciembre en Davao. Estábamos en una zona en la que la tormenta tenía intensidad 2. Se oía el ruido del viento y presencié la forma en que se movían los tejados y los portazos que daban las puertas. No podía dejar de pensar en cómo sería el momento en que el tifón llegara a mi ciudad, el lugar en el que tocó tierra.

A otra bloguera filipina, Kaloka, le parecía imposible los estragos que había causado el tifón Pablo en su ciudad [en], ya que hasta la fecha, casi no había habido tormentas:

Durante toda mi vida he presumido de haber crecido y vivido en un país tropical en el que se esperan, como mínimo, 20 tifones al año y mi ciudad siempre se ha librado de ellos. Está bastante bien ¿no? Pero…qué le está pasando al mundo ¿esto es consecuencia de un drástico cambio climático?

Más de mil personas estaban refugiadas en esta cancha de baloncesto cuando el techo de este lugar voló durante la tormenta. Fotografía de @imogenwall

La bloguera filipina Gagay se siente culpable por haber estado lejos de su familia cuando el tifón Pablo llegó a su ciudad, ya que los dejó sin ningún techo en el que protegerse:

Es bastante preocupante pensar que, te lo creas o no, tu familia ha pasado su primera noche a la intemperie justo en medio de un tifón, sólo una hora o dos después de que comenzara a diluviar y a escucharse los susurros de los vientos. Arrancó el techo de hormigón de la casa, así que imaginaros cómo el agua comenzó a entrar en casa; aunque no se produjo ninguna inundación, exceptuando en el interior de la casa, todas nuestros objetos estaban totalmente chorreando: las ropas en los cajones de cada una de las habitaciones, los utensilios de la cocina y los aparatos electrónicos, incluido el móvil de mi padre, se habían mojados a consecuencia de las aguas pluviales.

Me sentí culpable no sólo por lo que había pasado si no que también por estar lejos de mi familia. No podía hacer nada para consolarlos, ni había electricidad, ni podía llamarlos tan a menudo como hubiera querido. Me sentí tan mal.

Como consecuencia de la destrucción que ha dejado Pablo, los filipinos de todo el país se han movilizado para ayudar a las víctimas. Tanto Internet como los medios sociales volverán a jugar un papel fundamental durante las labores de rescate, ya que no sólo se limitarán a documentar lo sucedido.

El padre Joel Tabora, de la Compañía de Jesús del Ateneo de la Universidad de Davao, relata lo que ha vivido durante las labores de rescate [en]:

Entrar en Compostela era como entrar en una zona de guerra: la superficie de esta zona, las hectáreas de plátanos y árboles frutales estaban aplastados. Incluso las casas de hormigón estaban destruidas. Las láminas de hierro galvanizado de un almacén de arroz estaban esparcidas por el campo y la estructura y las vigas retorcidas. La Academia de la Asunción de Compostela resultó destruida en un 80%: el renovado gimnasio se ha quedado sin techo, los libros de la biblioteca han desaparecido, los ordenadores y las máquinas de coser se han visto afectados por unas inundaciones que llegan hasta la cintura y todos los registros de la escuela han desaparecido. El convento del señor Erlinda Factura quedó destruido de forma similar: aquí las inundaciones llegaban hasta el cuello y sólo las dependencias de la segunda planta pudieron ser usadas como refugios de emergencia para los profesores. Cortaron las líneas y allí la gente no tenía ni comida, ni agua potable y no había señal; se espera que se restablezca el suministro eléctrico de aquí a dos meses, como mínimo.

Otros internautas se han unido a este llamamiento de ayuda tuiteando, escribiendo en sus blogs o actualizando sus cuentas de Facebook con mensajes de apoyo o sobre cómo ayudar a las víctimas del tifón Pablo. A medida de que el año se acaba, las navidades de 2012 tendrán un marcado carácter de tristeza y reflexión.

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