El anonimato permite a personas normalmente tímidas tener el coraje y la oportunidad de comportarse deshonestamente. De todos modos, es la historia que escuchamos típicamente, sobre todo en el contexto de Internet. Sin embargo, como señaló hace poco Oleg Kashin en su columna [ru] en openspace.ru, se necesitan dos para que una travesura salga bien (el travieso y el engañado) —un punto que se mostró vívidamente en un escándalo menor en RuNet la semana pasada.El 14 de diciembre, Vladimir Sungorkin, editor en jefe del periódico Komsomolskaia Pravda, recibió un fax [ru], supuestamente del embajador estadounidense en Moscú, donde le informaba que su visa en Estados Unidos había quedado suspendida en relación con la recientemente aprobada Ley Magnitsky, que prohíbe a algunos rusos la entrada a suelo estadounidense.

Revelando algo sobre la jerarquía del ámbito de medios rusos, Sungorkin llevó su caso a Margarita Simonyan, editora jefa de la estación de televisión RT (antes “Russia Today”), estación conocida por ser antiestadounidense y favorable al Kremlin. Simonyan rápidamente tuiteó [ru] a Michael McFaul, embajador de EE.UU. en Rusia, quejándose de que Estados Unidos había perdido de vista el caso Magnitsky y demostraba su propio débil compromiso con la libertad de expresión (insinuando que esto le pasaba a Sungorkin por sus críticas a la Casa Blanca).

Resultó que el fax era falso, que Sungorkin y Simonyan cayeron en la broma de alguien sin cuestionarla, y expusieron un momento de credulidad, y también las consecuencias [ru] de la propaganda antiestadounidense que la fabrica: a saber, que creen tan fácilmente que el gobierno estadounidense los haría pasar por esas maniobras diplomáticas.