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Eslovaquia, Reino Unido: ¿«Robo de niños» o «protección de menores»?

El 18 de septiembre, unas 150 personas (o según otra fuente [en] más de 400) se manifestaron [sk, imágenes] ante la embajada del Reino Unido en Bratislava. Enarbolaban pancartas en las que se leía «Los niños con mamá», «Los niños no son un negocio» y «Gran Bretaña ladrona de niños».

Todo comenzó el pasado verano, cuando el canal eslovaco de televisión JOJ emitió un reportaje sobre Miroslav Goroľa y Veronika Čonková, una pareja de hecho eslovaca de etnia roma (gitanos centroeuropeos). Con cuatro de sus nueve hijos se trasladaron al Reino Unido «en busca de trabajo». Čonková estaba embarazada en el momento del traslado y dio a luz al último hijo de la pareja. Cuando recurrieron a las autoridades británicas para solicitar ayuda social, los cinco niños les fueron retirados.

Desde los comentarios intolerantes de los internautas a este artículo de SME [sk], todo deja claro que el caso de esta pareja de romas no ha sido la razón de las protestas ante la embajada del RU.

ghostface:

[Los roma] traen el coche lleno de críos [...] después los colocan en instituciones de acogida y viven mejor que los bien pagados eslovacos en casa [...] Gracias a los británicos – y gustosamente les enviaremos otras familias de ciudadanos «eslovacos».

doo:

Gran Bretaña ha descubierto como terminar la producción a gran escala de niños [roma] sin esterilización.

vlasok:

Allá [en el Reino Unido], es probable que un útero no funcione como una herramienta de producción…

Más tarde, incluso el parlamentario eslovaco Robert Fico alabó el método británico ante casos como este calificándolo de «inspirador» [sk].

Lo que ha causado la reciente protesta contra el Reino Unido en Bratislava fue otro reportaje televisivo de JOJ: contaba la historia de una familia eslovaca radicada en el Reino Unido cuyos dos niños también habían sido retirados por los servicios sociales británicos debido a los supuestos abusos sexuales que sufrían por parte de su padre.

La familia Boor llevó al médico a uno de los niños por una infección genital, y este informó del caso a los servicios sociales por considerarlo sospechoso. Aunque un tribunal confirmó más tarde que no había pruebas de que el padre hubiera cometido ningún abuso, los niños no fueron devueltos a la familia.

La madre de los niños, Ivana Boorová, ha trabajado como cuidadora en el Reino Unido durante los últimos siete años y está cualificada para dirigir una guardería infantil. No obstante, ahora solo le permiten ver a sus propios hijos si está acompañada de un trabajador social.  (Se ha abierto una página en Facebook dedicada a este caso aquí [sk]).

Captura de pantalla de la página de Facebook abierta para apoyar los esfuerzos de la familia Boor para recuperar a sus hijos.

Según SME [sk], el Reino Unido aprobó leyes muy estrictas de protección de menores tras el escándalo causado por la muerte de Victoria Climbié, una niña de 8 años de origen africano, sucedida en Londres en el año 2000. Los trabajadores sociales no fueron capaces de reconocer las señales de un abuso prolongado.

Pero hay quien opina que casos como los de la familia Boor no están tan claros como se quiere hacer creer. John Boyd, periodista del Daily Slovakia escribió esto [en] en un reciente artículo sobre las protestas en Bratislava, mencionando, entre otras cosas, el reportaje de Christopher Booker para The Telegraph:

[...] El emotivo documental sobre la familia Boor plantea la acusación de que estos casos están motivados por mucho dinero, porque un niño alimenta una cadena entera de personas en la red de los servicios sociales. En este caso, The Telegraph cita varias vistas judiciales, 4 trabajadores sociales, 7 médicos y psicólogos especializados, 16 intérpretes, 13 supervisores de contacto y docenas de abogados [...]

Booker lleva tres años trabajando en el tema, a pesar de las normativas que dificultan la publicación de información específica sobre los casos. En un artículo de Týždeň [sk, solo con suscripción], daba las gracias a Eslovaquia:

[...] Es el primer país europeo que ha comenzado a protestar contra esta violación en masa de los derechos humanos que está sucediendo en Gran Bretaña [...]

Todos estos reportajes han provocado una ola de pánico entre algunos eslovacos que viven en el Reino Unido.

Petra Schwarczová, una eslovaca con experiencia de primera mano como intérprete en el sistema social británico, decidió plasmar en un blog su perspectiva de la situación [sk] tras hablar con una madre eslovaca residente en el Reino Unido cuyos padres, que siguen en Eslovaquia, estaban tan preocupados que le insistían para que volviera a casa:

[...] Es necesario entender que la adopción es absolutamente la última solución, cuando una familia ignora todos los consejos, exigencias o normativas y sigue amenazando/descuidando a sus hijos. Las instituciones sociales no están solo para retirarles los niños a las familias. Su primera misión es enseñar a las familias a cuidar a sus hijos de forma adecuada y responsable. Por tanto, un trabajador social suele visitar a las familias que tiene asignadas y dedica meses a ayudarles. Este sistema de trabajo se llama Plan de Protección de la Infancia [en].

Recomiendo leerlo entero. [...]

[...] Los padres ignoran el consejo bienintencionado y la asistencia de los expertos, el niño sigue en peligro [...]. Entonces llega la decisión judicial de retirar al niño y colocarlo temporalmente en un hogar de acogida. Esto tampoco está mal, los padres siguen teniendo la posibilidad de recuperar a sus hijos. Se pueden organizar reuniones entre los padres y los niños –creo que tres o más veces por semana– y un trabajador social está presente, observando la interacción entre los padres y el niño, y por supuesto, escribe un informe de todo ello. Sí, esas reuniones duran una o dos horas [...]. Los padres siguen bajo escrutinio –económicamente hablando–, se determina cuándo tienen medios suficientes para mantener al niño, pero también reciben ayuda adecuada con sus finanzas. [Se vigila] Si otros niños que siguen en casa van a la escuela regularmente y tienen suficiente para comer. Si no se saltan las visitas al médico o al dentista. Si el niño que está en acogida se pone enfermo, la madre puede (ni siquiera es una obligación) llegar al médico a la hora convenida. He visto muchas madres que lo ignoraban, literalmente, porque no querían visitar a los niños, o incluso madres que los abandonaban, gritar al trabajador social que no volverían a la siguiente sesión, y que el niño fuera adoptado, aunque intentamos convencerlas de lo contrario, porque quizás en el futuro se arrepientan de su decisión.

Las familias no pueden quejarse de falta de dinero. En comparación con Eslovaquia, esto es el cielo en la tierra. Ni siquiera pueden utilizar la barrera del lenguaje como excusa, porque tienen intérpretes absolutamente en todas partes, y ni siquiera tienen que pedirlos. El error que cometen las familias eslovacas, y no las autoridades inglesas, es que piensan que una vez en Inglaterra, los recibirán con pan y sal, y prestaciones sociales y trabajo en menos de tres días. No se dan cuenta de que [...] puede llevar meses [...]. Y en esos meses, los ahorros que traen de casa sencillamente se acaban. Entonces empiezan a solicitar préstamos de emergencia, dejan de pagar el alquiler, los echan a la calle, y un trabajador social, a causa de los niños, se pondrá en contacto con ellos, por supuesto. No voy a contar los casos en los que los servicios sociales les aconsejaron volver a Eslovaquia, porque de otra forma se arriesgan a acabar en las calles de Inglaterra. Algunas autoridades han llegado a comprar billetes para que las familias volvieran a casa, porque les resulta más barato que mantenerlas para siempre. Pero cuando una familia decide que, a pesar de todo, quiere quedarse, también se arriesga a que un trabajador social tome cartas en el asunto

[...] Solo los casos extremos acaban en adopción, por tanto lo que se afirma en el artículo del SME son solo hechos sin fundamento e información sacada de contexto.

Mientras tanto, la familia Čonka está de nuevo reunida y de vuelta en Eslovaquia. Los Boor, gracias al parlamentario John Hemming, han obtenido recientemente una apelación en justicia [en].

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