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Puerto Rico: escuelas bilingües reviven el debate sobre el idioma

El anuncio del gobierno de Puerto Rico de que a partir del año escolar que comienza en agosto próximo comenzará a cambiar paulatinamente el idioma en que se enseña en las escuelas del país de español al inglés ha provocado fuertes reacciones tanto de partidarios como de detractores.

La medida impulsada por el gobernador de Puerto Rico, Luis Fortuño, busca que dentro de diez años todas las escuelas del país den sus clases en inglés, exceptuando español e historia, con el propósito de que al final de ese periodo la población joven del país sea completamente bilingüe.

Impartir las clases en inglés en las escuelas públicas de Puerto Rico es algo que ya vivió el país durante la primera mitad del siglo XX. El gobierno estadounidense que recién acababa de invadir en 1898 lo que anteriormente fue una colonia española impuso en 1900 que en todas las escuelas públicas debían impartir sus clases en inglés como parte de un proyecto de ‘americanización’ de la población puertorriqueña. El proyecto fracasó desde el principio, pero no fue hasta 1948 que se instauró el español como el idioma oficial de enseñanza. Por tales razones Puerto Rico ha tenido históricamente una relación tempestuosa con el inglés.

Con el recuerdo de aquellos años todavía vivo entre gran parte de la población del país, no es de extrañar que para muchos la iniciativa de las llamadas escuelas bilingües tenga claras motivaciones políticas. Roberto “Pachi” Ortiz Feliciano en su blog ortizfeliciano dice:

Fortuño, tras negarlo, busca implantar el “English only” para congraciarse con el Partido Republicano y sometemos que su propuesta es principalmente motivada por sus muy personales ambiciones.

A algunas personas les parece que la escuela pública no tiene la capacidad de formar efectivamente a personas que dominen ambos idiomas y relatan cómo aprendieron inglés sin la ayuda de clases formales. En Twitter la usuaria @ᶥᵗˢ K! ‏señaló como prueba de su dominio del inglés, sin la ayuda de una clase, el que haya logrado obtener una buena calificación en un examen estandarizado de comprobación de dominio del inglés:

@EpicPachi: Series gringas y Videojuegos. Un TOEFL [Test of English as a Foreign Language] mejor que varios de “escuelas bilingües” lo demuestran.

Sin embargo, otros opinan que sería muy provechoso que todos los estudiantes puedan estudiar en un programa de tipo inmersión como el que propone el gobierno, tal como lo expresó en Twitter la usuaria Paola Alcazar:

@palcazarh: Yo soy fruto de escuela pública y hoy en día desearía haber estudiado en colegio bilingüe.

En su blog Kofla Olivieri ve como un descaro el que personas que no dominan el inglés quieran imponérselo al resto del pueblo:

…el gobernador Fortuño, decidió implementar Ingles en nuestras escuelas sin consultar con los maestros que son los responsables de educar a nuestros hijos el contrayao idioma. A pesar que muchos de ellos, nuestros maestros, no saben hablar Inglés. Esto incluye la gran mayoria de nuestros honorables legisladores, los que quieren impulsar esta idiotez, que TAMPOCO saben hablar Inglés.

Héctor Meléndez, escribiendo para la revista digital 80 grados, tiene una opinión distinta:

La sugerencia de algunos independentistas y autonomistas de que los políticos del PNP artido Nuevo Progresista] hacen el ridículo al reclamar la imposición del inglés sin saber inglés sugiere un prejuicio clasista, tal vez insensible hacia el significado que le dan los pobres a poder acceder al inglés. Precisamente porque anexionistas de mayor edad no saben inglés es que desean que sus hijos lo aprendan. Su ignorancia no les resta autenticidad, sino que en cierto modo la expresa.

El consenso entre los detractores del proyecto de las llamadas escuelas bilingües parece ser que es provechoso y necesario aprender inglés, pero no a costa de la lengua vernácula y no para meramente competir mejor en los mercados a nivel mundial. Según Ed Morales, quien también publica en 80 grados, el bilingüismo es bueno si se enmarca dentro de un espacio de negociaciones culturales que siempre están en desarrollo:

Es un bilingüismo que nos informa que el gobierno no tiene el derecho de negar acceso a los procesos legislativos ni pegarnos en la cabeza cuando protestamos. Es una expresión de la negritud, como hablan los reggaetoneros y los pleneros sin aparentemente hablar inglés. Es un bilingüismo que acaba con el puertorriqueño dócil (que en realidad nunca existía), que convierte el vacilón en acción.

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