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La violencia en el oeste de Myanmar

Myanmar está en los titulares estos días por dos motivos: por la histórica visita europea de la ganadora del premio Nobel de la Paz, Aung San Suu Kyi, y por la violencia en el estado de Rakhine, situado al oeste del país.

Es difícil culpar a un grupo en particular por los disturbios [en], asesinatos y quema de casas que han tenido lugar en el estado durante las dos últimas semanas, pero las víctimas [en] han sido arakaneses, la mayoría étnica del estado, y rohingyas, quienes piden ser reconocidos en Myanmar.

De acuerdo con un informe del gobierno, se han quemado un total de 2528 casas desde el inicio del conflicto. De estas, 1192 pertenecían a arakaneses y 1336 a rohingyas. El informe también menciona que murieron [en] 20 personas en los enfrentamientos, 13 arakaneses y 16 rohingyas.

Miles han sido desplazados [en] a causa de la violencia interna. Hay un total de 37 campos de refugiados que hasta ahora alojan a 31,884 víctimas.

La prensa convencional y el mundo académico describen a menudo a los rohingyas como «el grupo étnico minoritario más perseguido de Asia». Pero la opinión [en] en Myanmar está dividida. De hecho, el gobierno no reconoce a los rohingyas entre los grupos étnicos del país.

Aung Zaw [en], director de la revista alternativa Irrawaddy, escribe sobre la opinión popular contra los rohingyas:

La opinión general entre los birmanos parece ser que los rohingyas son inmigrantes ilegales del vecino país de Bangladesh: una visión que considera esto como un tema de soberanía más que de hostilidad religiosa.

Es más, muchos, particularmente los de etnia arakanesa, se han ofendido porque esto se ha interpretado como un conflicto religioso, aunque muchos han recurrido a comentarios racistas y religiosos durante los ataques verbales a los bengalíes, como prefieren llamar a los rohingyas.

… en la calles, la opinión popular estaba más a favor de mostrar dureza contra los rohignyas.

Los rohingyas son en su mayoría musulmanes que han llevado a mucha gente de fuera de Myanmar a preguntarse si se trata de un caso de persecución religiosa. Sin embargo, varias organizaciones religiosas de Myanmar negaron que fuera cuestión de religión [en]. Hace unos días hicieron pública la siguiente declaración:

1. Los conflictos en Rakhine no se iniciaron como consecuencia de una disputa religiosa, sino por el hecho de violar las leyes establecidas.

2. Todas las organizaciones religiosas de la Unión de Myanmar han coexistido entre ellas en armonía y de forma amistosa durante años y todavía mantienen esa buena tradición.

4. Prometemos hacer todo lo posible para prevenir la expansión de la violencia a otras partes de Myanmar.

May Thingyan Hein [en] escribe sobre las diversas perspectivas del conflicto en lo que respecta a los disturbios de Rakhine:

En internet se ven los disturbios desde perspectivas diferentes: una es que el gobierno se lo está inventado para desviar la atención de la gente hacia ello; otra es que el gobierno está cooperando con los arakaneses para erradicar a los bengalíes; la última es bajo el punto de vista de que los rohingyas están planeado causar incertidumbre al gobierno y a Daw Aung San Suu Kyi y pedirles autonomía propia en la región.

Kyaw Zwa Moe [en] culpó a los medios sociales de echar leña al fuego de la incitación al odio y al racismo.

¿Por qué está ardiendo?

Los medios de comunicación y los medios sociales [en], por supuesto: algunos usuarios insensibles de internet publicaban fotos de las primeras masacres en sus cuentas de Facebook. Estas se propagaron rápidamente y empujaron a que otros usuarios compartieran sus respuestas emocionales.

Por suerte, hay voces moderadas [en] en internet que se dedican activamente a pedir la paz y  la unidad. Dave Gilbert y Violet Cho publicaron algunas de las fotos de Facebook que promovían la armonía en el país.

Foto de New Mandala

En la ilustración birmana se lee:

«Todos amamos nuestro país. Impidamos los problemas que están ocurriendo.  No tengamos discusiones por tener distintas creencias. Dejemos a las personas que quieren volver a un tiempo anterior para nosotros poder seguir adelante.»

Foto de New Mandala

Peace Warriors [en] están preocupados por las amenazas de hacer daño a los musulmanes de Rangún, la capital de Myanmar.

«En los periódicos que se han distribuido durante los últimos días en Rangún se alentaba a la gente para que atacase musulmanes, a sus mezquitas, tiendas y casas. Las mujeres musulmanas también eran objetivos. Esto ha provocado que los musulmanes y aquellos de ascendencia india tengan miedo de ir a trabajar o de salir a la calle solos. Algunas familias musulmanas han cerrado sus tiendas y los colegios y universidades de religión islámica cerraron hace dos días.»

El periódico estatal New Light of Myanmar [en] informó sobre la visita de funcionarios del gobierno a los campos de refugiados:

Como los disturbios ocurrieron en el estado de Rakhine, los batallones locales llegaron al lugar de los hechos para restablecer la paz, la estabilidad, el predominio de la ley y el orden de la región y para  proteger a los ciudadanos a partir del 8 de junio. Desde esa noche los batallones locales proporcionan a los ciudadanos la ayuda que necesiten. Además, algunos navíos cumplen la función de patrullar para proteger las aguas de Myanmar del territorio al oeste de Maungtaw para que no se infiltre gente sin escrúpulos.

Violet Cho [en] quiere una perspectiva más crítica en el análisis de la situación de Rakhine.

La pobreza y la represión estatal lleva una intensa frustración que no tiene una salida fácil y puede verse como una causa fundamental común de la violencia interna en todo el mundo.

Si cavamos bajo la superficie, podemos ver que la raíz de violencia interna del oeste de Birmania está en procesos históricos, sociales, políticos, de clase social y culturales amplios y muy complejos. Quizás debemos empezar redefiniendo las categorías obsoletas, como la raza, y mirar a través de lentes alternativas que puedan ayudar a llevarnos a un análisis más productivo.

Grupos defensores de los derechos humanos quieren que Bangladesh y Myanmar abran sus fronteras y acepten a los rohingyas, quienes huyen de la violencia. Lo que sigue es un llamamiento de la Comisión Asiática de Derechos Humanos [en]:

…para posibilitar el suministro de suficientes alimentos y de servicios sanitarios a la población afectada, ambos gobiernos deben cooperar el uno con el otro para facilitar el acceso completo, libre de obstáculos y seguro a las agencias internacionales tan pronto como sea posible. Así, estas agencias podrán evaluar la situación y preparar los suministros de ayuda de emergencia necesarios.

Para la sorpresa de muchos activistas y de los medios de comunicación de fuera de Myanmar, dirigentes veteranos de la oposición Levantamiento 8888 [en] hicieron pública una declaración que confirma la postura del gobierno de no reconocer a los rohingyas como ciudadanos de Myanmar.

Ko Ko Gyi: A no ser que sean inevitables, intentamos evitar algunos temas con paciencia. Ya es hora de que anunciemos nuestra opinión sobre los rohingyas con claridad. Los rohingyas no son en absoluto uno de los grupos étnicos de Myanmar. Vemos que los disturbios que ocurren actualmente en  Buthedaung y Maungdaw, del estado de Arakan, son por los inmigrantes ilegales de Bangladesh llamados rohingyas y la provocación maliciosa de algunas comunidades internacionales. Por tanto, tales esfuerzos de algunas potencias por intervenir en el asunto (el de los rohingyas) sin entender plenamente los grupos étnicos y otras situaciones de Birmania puede verse como una ofensa a la soberanía de nuestra nación.

Ya que ningún país quiere acogerlos, sentimos simpatía hacia aquellas personas que están en lo más bajo de la humanidad y hacia los refugiados. Si las potencias, aprovechándose de nuestra amabilidad y respeto, nos obligan a responsabilizarnos de este asunto, nunca lo aceptaremos.

Algunos activistas preguntan si Suu Kyi, quien pidió que se aplicara el estado de derecho [en] para la resolución del asunto de Rakhine, comparte una posición similar a la del Levantamiento 8888.

El gobierno de Myanmar afirma que la situación en Rakhine está ya bajo control. Sin embargo, el sufrimiento en los pueblos de los rohingyas sigue empeorando día a día.

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